Acerca de él

SOBRE SU ESTILO RESPECTO MÚSICA

Tratar de encasillarlo es correr un riesgo innecesario. En su batidora caben flamenco, sonido FM, electrónica, ritmos latinos como la bachata, aires renovados del rap y músicas marginales de barrio. Dellafuente escapa de etiquetas, huye del rap, rehúye lo superficial y aborda el drama de los desahucios: El banco llamando a la puerta y sé que está a cero la cuenta/ Mi hermano que no me contesta, se iba a matarse por mierda/ El día de cobro que no llega/ Se va vaciando la nevera / Otra semana más que no comemos por ahí fuera.«Hago música folclórica atemporal, como puse en Twitter de cachondeo. Escucho flamenco y otras cosas de mi generación, y lo meto todo en la batidora. Dentro de 50 años, lo mío será una representación de una época: hablo de los desahucios, de la situación en Granada y en España»

«El flamenco es el estilo en que me he criado. Pena, dolor, la música que me ha hecho llorar, bailar, reír. Hay que sentirlo».

QUIÉN ES DELLAFUENTE

«Soy Pablo, de 25 años. Me llaman Dellafuente o El Chino. Soy del barrio Corea, en Armilla, afueras de Granada. Aquí vivo con mi mujer. ¿Estudios? Pocos. De automoción. Y empecé un grado de audiovisual en que suspendía por las faltas. He trabajado arreglando motos, en el mercadillo y en la tienda de armarios de mi padre. Mi madre, que es brasileña, siempre me ha dicho que somos de clase baja porque la clase media no existe. Un mileurista no puede ser clase media jamás; eso es lo que te hacen creer para que no pienses que eres pobre, un pobre con recursos. Me dedico de manera amateur a comprar y vender coches».

LÍRICA

«Mis letras no van de putas y millones de euros, son fieles a la realidad que he vivido. Si me toca un desahucio cerca, no voy a hablar de otra cosa. Soy una persona normal que trata de gente normal. A la gente así les llegan».

QUE PIENSA

«Nunca quise ser artista ni vivir de la música. Lo que estoy viviendo es como si fuera ajeno a mí. Es una sensación muy rara. Mi madre me pregunta qué siento cuando hay mil personas cantando mis canciones en un concierto. Nada, le contesto, y ella se indigna. Pero es cierto que nunca se me olvidará que unas 400 personas financiaron mi disco meses antes de que se grabara. Fue increíble, compraron anillos, carteles, de todo. Si saco una marca de embutidos, me los compran también. Embutidos Dellafuente, ¿imaginas? Hay gente que ha ido a cinco conciertos míos en diferentes provincias. He visto cuatro tatuajes de Dellafuente. Niños asistiendo a su primer concierto en uno de los míos. He firmado autógrafos en móviles de 700 euros sin funda, lo que me ha dado bastante cosa… Fijo que lo querían ahí porque es ahí donde me escuchan. En Madrid, hace poco, eché un rato de marketing en la tienda de gorras que me lleva el merchandising, pero eso se convirtió en una congregación de aficionados, al estilo de los ultras del fútbol que se reúnen a unos metros del estadio. Unas 100 personas, bajo la lluvia, con camiseta, gorra y bufanda de Dellafuente F.C., juntas de camino al concierto».

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